El gigante asiático y su némesis estadounidense no han vivido su mejor año por eso el presidente chino, Hu Jintao, y su homólogo norteamericano, Barack Obama, se reunirán esta semana para intentar limar asperezas y edulcorar las tensas relaciones entre ambas potencias. Pero con desavenencias comerciales, políticas y económicas, ¿qué es lo que realmente está en juego?: algo muy preciado en un posible matrimonio de conveniencia, la confianza.El mandatario asiático ya abonaba el terreno durante el pasado fin de semana al afirmar al Wall Street Journal y otros medios estadounidenses que ambos países "se beneficiarían de una buena relación y perderían si mantienen los enfrentamientos". Palabras nobles que fueron sucedidas por fugaces ataques lingüísticos. Hu se encargó de dejar claro que el actual sistema de divisas, dominado por el dólar estadounidense, es "un producto del pasado" y reiteró sus intenciones de convertir al yuan en una moneda internacional.
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